La naturalidad en el porno de Ben Goldbart

Empezó grabándose para su novio por darle un nuevo giro a su relación abierta y terminó iniciando un complejo camino en la industria porno gay. Un mundo plagado de estrellas y del que no puedes vivir a no ser que tengas ya un nombre. Él suyo es Ben Goldbart y se presenta como un actor amateur que desde su primera escena descubrió lo natural que le resulta follar delante de una cámara. Hoy hablamos de Ben Goldbart y la naturalidad del porno.

Nombre: Ben Goldbart.
Lugar de nacimiento y/o residencia: España, pero vivo en Londres.
Edad: Forever 30 años.
Altura: 1,74 centímetros.
Peso: 70 kilos.
Tamaño de su polla: 16,5 cm creo… no es algo que me preocupe en medirme.
Rol sexual: Mas pasivo, tengo poca energía activa en mi jajaja

En redes sociales lo encontrarás como Ben Goldbart y él se presenta como “un chaval morbosete, vicioso, al que le encanta que un buen activazo lo ponga a gemir”. Este gallego de nacimiento reside actualmente en Londres, tras una larga parada en Barcelona. Allí llegó por “tema laboral y no quejo”, confiesa, y “como buen gallego emigras y vives con morriña“.

En la ciudad del Támesis, Ben sigue probando suerte en el mundo del porno. Un universo en el que se inició hace dos años cuando “comencé a grabarme para mi novio, como una forma de disfrutar de la pareja abierta”. Fue así como conoció a un buen amigo, John Strap y él “me metió en el porno”.

Desde entonces se mueve como actor porno amateur, una especie de autónomo de la industria del cine para adultos, ya que “tú decides las productoras, con quien quieres grabar y te organizas fechas”. Además de que “vas aprendiendo edición, cámara, fotografía porque te haces tu mismo todo, al menos al principio, hasta que conoces a editores y cámaras que te hacen todo más sencillo”.

Su primera experiencia porno

Su primera escena porno la rodó con John Strap y “la verdad que no estuvo tan mal”, ya que, “él controlaba todo y me guiaba”. Lo que más le sorprendió fue que “no me diese vergüenza, fue como natural el follar delante de la cámara“. Aunque no era algo que se plantease, por ejemplo, siendo un niño, cuando, como el mismo Ben confiesa, “quería ser muchas cosas, desde abogado, por tradición familiar, piloto de avión o médico“.

Su primer contacto con la pornografía como consumidor fue con 13 años cuando el “primo de mi mejor amigo me dejó un dvd de fotos y vídeos para el ordenador. Tenía dos carpetas , una hetero y, escondida, una gay”. No tenia ni idea, pero “¡vaya primeras pajas y después folladas con el primo!”.

Ben nos confiesa que cuesta mucho entrar en un mundo tan plagado de estrellas porno, como las que tanto emula: Diego Sans, William Seed o Lukas Ridgestones. Aunque “hay público para todo, créeme, así que si sabes como hacerlo te haces un hueco (o te lo hacen)”, afirma. En su caso, Ben Goldbart aporta como actor porno “mucho morbo, profesionalidad, frescura y pasión“.

Su día a día en Londres

En su día a día, este gallego en Londres compagina su trabajo de 9:00 a 17:00 horas con las grabaciones. Para ello, aprovecha los fines de semana. Además, saca tiempo para “ir al gym cada día y compartir con mi novio (que me ayuda un montón con todo) y con mis gatos”.  Como persona que vive de su físico se cuida “comiendo bien, aunque ¡que mal se come en Londres!, el gimnasio no puede faltar y dormir bien siempre que se pueda”.

En el mundo del porno tiene muy buena relación y no le importa compartir escenas, siempre que se tercia, con actores como “John Strap, Jabita o Maxance Angel“. Además, le apetecería grabar con Viktor Rom, Orson Deane o Gabriel Phoenix, entre otros”. En el porno se confiesa más pasivo, “aunque he hecho una escena versátil con Maxance Angel”. En su vida personal “puedo ser más versátil, si surge y depende de la química con la otra persona”.

Cuando graba uno de sus vídeos para redes sociales, lo que más gusta mostrar es”las miradas, que se vea la pasión y el morbo que hay entre las dos personas, la complicidad y, claro, que se vea todo lo que me cabe en el culito, jajaja”. Eso sí, hay una línea roja que no le gustaría cruzar ni por todo el dinero del mundo, como es “la del scat o la del dolor“.

Con esta profesión, Ben se confiesa “fiel defensor y activista pro PrEP y de los chequeos regulares de ETSs, lo tomo y mi novio también, es una muy valida y efectiva manera de prevención de VIH si quieres dejar la gomita de lado”. Aunque confiesa que para vivir del porno tienes que tener cierta fama, “no pudiendo vivir de ello de entrada”, no le importaría dedicarse a este mundo durante muchos años y “molaría pasar a ser el daddy del porno“.

La parte más personal de Ben

Cuando se mira desnudo en un espejo, Ben Goldbart confiesa que ve “a alguien que me gusta, que ha mejorado con los años y que ha madurado y ha aprendido mucho de lo bueno y de lo no tan bueno . Alguien que e ha aceptado tal y como es, conociendo los puntos fuertes y las debilidades”. Si tuviera que quedare con una parte de su cuerpo esa sería “mi culo, que me ha costado lo mío tenerlo como lo tengo”. Y un defecto, “tengo el testículo derecho más arriba que el izquierdo por una cirugía de pequeño, pero una tontería”.

Cuando le preguntamos por la experiencia sexual más morbosa que ha vivido, Ben recuerda después de una noche de fiesta cuando “fui a una sauna en Brighton y acabé con cuatro chulazos activos y yo de pasivo en el sling. Terminé con lefa por todos lados y sin poder caminar”.  Pero no todo ha sido morboso y placentero en su vida, ya que, nos confiesa que ha sido víctima de “pederastia y hasta hace muy poco no lo hablé con mi novio. Jamás lo había hecho… Fue una chica de la limpieza que trabajaba en casa de mis padres. Básicamente, me obligó a tocarle la vagina”.

Ben confuesa tener varios fetiches, como el cruising, el vouyerismo y el exhibicionismo, la saliva, el precum … Desde los 16 años es consumidor habitual de porno. “En casa de mis padres tengo una colección de VHS y DVDs respetable. Me encantan las escenas bareback, con algo de historia detrás, las de deportistas o de gym“.

Aunque, hasta la fecha nunca ha grabado una escena en el vestuario de un gimnasio. “La tengo en mente desde hace tiempo y la tengo que hacer”. Aunque no será por experiencias morbosas, ya que son muchas las vividas en uno de estos espacios. Como una vez en un gym de Barcelona “se metió un holandés en mi ducha y nos comimos entero”. Y en Londres ha vivido algo parecido “con un chaval indio y hemos repetido varias veces”.

En estos vestuarios, Ben Goldbart tiene alguna fantasía aún por cumplir como “un buen gang bang, yo como pasivo y tirado en el banco del vestuario con calzoncillos por toda la cara y recibiendo por todos lados”.

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