Todo un adalid de la libertad

Dice que se considera una persona sin restricciones, con la mente muy abierta y que no le da importancia a lo que piensen u opinen los demás. Se llama Jacob, pero seguro que lo encuentras en redes sociales como Kerax34, un gallego afincado en Madrid, de 41 años de edad que hoy se desnuda en nuestro vestuario. Un chico con la testosterona a flor de piel y el morbo asegurado, todo un adalid de la libertad.

Si le das a elegir entre ser una persona provocativa y/o exhibicionista, dice que se identifica con las dos. Ya que, como él mismo explica, “todo exhibicionista tiene un punto provocativo y al revés”. Y en su caso, esta afición a exhibir su cuerpo le viene de antes al boom de las redes sociales. Pero, reconoce, que cuando se ve desnudo en una de estas plataformas lo que siente es “morbo”.

Y lo que ve cuando mira sus fotos o vídeos comprometidos es a “una persona que se muestra al natural, sin complejos y tal como es”. Que si se tuviera que quedar con una parte de su cuerpo, lo haría sin duda, y con rotundidad, “con su culo”. Ya que, asegura, “es su parte más erótica y a la que más le gusta sacar su potencial”.

Esta afición exhibicionista en redes sociales, Jacob sólo la comparte “con mis amigos y, principalmente, con mi pareja”. Aunque no se deje influenciar por las críticas, reconoce que “éstas siempre están ahí, ya sean positivas o negativas, puesto que está claro que no puedes gustarle a todo el mundo”.

Él se toma todo esto como “un juego muy divertido y morboso, como un entretenimiento”. Sobre todo en la nueva APP Vero, en la que, “es verdad que no hay tanta censura y es muy exhibicionista”. Un juego que comparte con su chico, Roger, más conocido ya como el Niño Polla Gay.  Con él, nos explica, “en el día a día somos una pareja de lo más normal”. Pero, puntualiza, “en el sexo, es muy cañero y vicioso, y sabe cómo dar placer”.

Con Roger, Jacob asegura “compenetramos muy bien. Me pone muy cerdo saber que a los demás les gusta y que los tíos me pidan follar con él. Me siento orgulloso, me han llegado a dar la enhorabuena y todo, jejeje”.

Cuando la faceta exhibicionista se comparte con tu pareja es mucho más morbosa y a nuestro chico de hoy, en su caso, le ha servido para “perder toda la timidez que antes tenía y disfrutar con este juego mutuo”. Dos personas que ya venían de casa con su punto exhibicionista, pero que “juntos lo potenciamos más”.

Al preguntarle por la experiencia más morbosa y de la que ha dejado constancia en vídeos o fotos, Jacob se queda con una de sus fantasías, “que me hiciesen una doble penetración”. Un día, “haciendo un trio con dos activos en un polvo increíble de tres horas, casi sin querer, se cumplió mi sueño”. Como no podía dar crédito de lo que estaba pasando, nos cuenta, “tuve que coger el teléfono para grabarlo”. Pasado el tiempo, “aun a día de hoy mi empalme es casi instantáneo cada vez que lo veo”.

Pero no todo se publica en rede sociales y es que, como nos cuenta Jacob, “me gusta guarrear en público y no siempre puedo tener el teléfono a mano”. De este tipo de experiencias, “podría contar muchas, pero la primera que se me viene a la mente ahora mismo  es un día que en el coche parado en un semáforo, me puse a comerle el rabo al tío que venía conmigo mientras se ponía en verde”.

Además de con su chico, a Jacob le gustaría compartir algunas de sus experiencias provocativas con “uno de los papás con el que coincido cuando voy al cole a recoger a mi sobrino. Siempre va con un pantalón de chándal… “. Y a la pregunta de qué filia sexual le gustaría explotar, nuestro chulazo hot nos responde que “ser partícipe de un secuestro sexual”.

Jacob define el vestuario el gimnasio como “un mercado de rabos, con todo tipos de tíos sudados”. Pero, especialmente, “le parece muy excitante los heteros que miran de reojo para compararse la polla”, además de ser un sitio en el que “poder experimentar todo tipo de morbos, desde olores y fetiches varios, ya que la testosterona está a flor de piel y el morbo asegurado.

La experiencia más morbosa que ha vivido en uno de estos vestuarios ha sido “follar con mi profesor de spining, un chico canario que se sacaba buen partido marcando paquete en mallas”. Tras una larga jornada de clases, nos cuenta, “terminamos coincidiendo en las duchas. Entre champú y champú me iba comentando lo bien que había estado durante su clase. Yo me lo tomé como una conversación normal hasta que se giró enseñándome todo aquello que marcaba con las mallas en posición horizontal. Incluso debajo del agua era capaz de apreciar de qué manera babeaba. Decidimos continuar la clase en un pequeño cuarto de mantenimiento.

Y es que, como nos dice nuestro chico, todo un adalid de la libertad, “lo mejor de un vestuario es que nunca sabes lo que vas a poder encontrarte”. Nosotros esperamos poder encontrarnos con Jacob todos los días.

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