El lado Frandelcuero de PeterFran

He decidido salir del vestuario en busca de nuevas emociones y para conocer el lado Frandelcuerpo de PeterFran. Quería adentrarme un poco más en el mundo de la sumisión y la dominación, del máster y el esclavo,  para acabar con los falsos mitos y la mala imagen que puede haber en torno a una práctica de lo más natural para aquellos que la practican y la disfrutan.

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Quedar con un desconocido que le gusta dominar a otros hombres puede imponer en un principio hasta el punto de encomendarle a alguien tu paradero durante la entrevista “por si me pudiera pasar algo”. Con esta actitud, de lo más habitual, me adentro en un pequeño pueblecito del Aljarafe sevillano, dónde me espera él, el hombre de las dos caras. Por una parte, el señor amable y educado que te recibe, PeterFran, pero que, a medida que se va metiendo en su papel de amo, presenta su lado más Frandelcuero.

Me abre la puerta un chico joven en ropa interior, uno de sus dos sumisos o esclavos, en una fase inicial y que aún no tiene muy definido su rol. De fondo, suena una música algo cañera, para amortiguar los posibles sonidos que puedan salir de una sesión, y al fondo del salón, con un telón de plástico negro, se encuentra Fran con su otro esclavo, su perro, Rufus, ataviado para la ocasión con su indumentaria canina de cuero.

Como a todos los perros, comenta Fran, “le gusta que el amo sea cariñoso y juegue con él” y, como todos los sumisos, “quiere sentirse poseído por el amo“. Rufus lleva una cadena de hierro que simboliza su estado de formación o preparación como esclavo, de la que pende una chapa con su nombre y la de su amo, además de la fecha de su bautizo como su perro, “con una meada”. La cadena, explica, “es un símbolo de dominación y simboliza que tiene un amo que lo está instruyendo”. Cuando se acaba esta fase, “le corresponde un collar de cuero“.

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Aunque hay gente que con 18 ó 20 años ya tiene definido su papel, hasta los 34 años Frandelcuero no se definió como máster o amo, aunque previamente había ido construyendo poco a poco este puzle de la dominación, como cuando, siendo un niño, “yo era el único que tenía la decisión de ir a la casa de la vecina cascarrabia en cuya terraza se había embarcado la pelota”. Ya que, “sin quererlo, puedo liderar el grupo, aunque no soy dominante todo el tiempo”.

No fue fácil para Fran adentrarse en este mundo, ya que, como él mismo reconoce, “hemos tenido una educación represora que nos ha marcado, aunque luego unos siguen reprimidos y otros liberados”. La gente, prosigue, “suele tener miedo de que le peguen una paliza y yo lo tuve cuando, hace muchos años, estuve parado delante de un local fetish en Madrid, el Eagle, y no tuve cojones a entrar por miedo a que me pegasen”.

Con el tiempo, “he descubierto que la gente más centrada y respetuosa es la del cuero, ya que  no te va a hacer nada que no te guste”.  Lo único que va a intentar es que “pruebes cosas nuevas, pero hay un código de seguridad, como cerrar o abrir las manos, por lo demás, lo único que queremos los dominantes es dominar y volver loco de placer al sumiso”.

Lo más importante y el primer paso es “ganarse la confianza y el respeto del otro. Yo no hago nada demasiado fuerte sin esa confianza, ya que puedo darle cuatro golpes mal dado y que salga corriendo. Ésto sólo se hace cuando el otro está loco de placer y te pide que hagas con él lo que quieras”.

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Una sesión de dominación-sumisión es como un ceremonial que empieza con la vestimenta. “Es el esclavo o sumiso el que ayuda a su amo a vestirse, disfrutando del momento, para luego, prepararse él”, explica Fran, para añadir que, “luego, por ejemplo, puedes jugar a recrear fotos morbosas que encuentras en Internet y que te dan morbo para irte metiendo poco a poco en el papel”. Siempre vas practicando de menos a mas, empezando con “caricias, algo de asfixia o que huela el cuero…”.

Fran reconoce que no es fácil encontrar a gente con estos mismos gustos, ya que “hay gente a la que le gusta este mundo, pero va con mucho miedo por culpa de algún descerebrado que le ha dado una mala experiencia”. Pero, asegura, “me he encontrado con muy buena gente y muy buenos amigos, con los que nos sentimos como Los Inmortales, ya que sabes que somos muy pocos y cuando te encuentras con alguien es una buena sensación”.

Por ello, se organizan eventos o puntos de encuentros, la mayoría en Europa, sobre todo en Amberes o Berlín,  pero, en los últimos cinco años la organización de este tipo de citas es más frecuente. En Sevilla, por ejemplo, Fran es el encargado de organizar cada año el International Leather & boots Sevillian Meeting y que el pasado 2017 congregó a 74 personas, una de ellas, incluso, llegada desde Chicago. “Una ocasión para volver a reunirse y hacer cosas que normalmente no hacemos con nuestros fetiches, como montar en coche de caballos, hacer turismo o ir de fiesta”.

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Y es que, aunque tiene muchos fetiches, el que más predomina en su vida personal es el cuero, que emplea para sus sesiones de dominación. Pero también explora otros fetish, como el rubber, la ropa deportiva o el skin head, según el estado de ánimo y lo que quiera hacer en cada momento.

Fue con 10 años, recuerda, cuando se quedó embobado con una película de Marlon Brandon en la que interpretaba a un motero. “Quería ser como ellos y llevar sus botas y chupa de cuero”.  Sería mucho después cuando se convirtió al fin en Frandelcuero y fue con su vestimenta al bar Men To Men en Sevilla.

Ese día, recuerda, “iba por la calle con la cabeza baja y con una actitud extraña“. Pero “luego medité si iba vestido mal o contra el decoro y decidir no agachar más la cabeza”. Fue en ese momento, confiesa, “cuando descubrí que la gente no me miraba y, si lo hacía, era porque les gustaba o llamaba la atención”. El problema radica “En que para mí el cuero es un fetiche, tiene una connotación sexual o placentera, pero para el resto del mundo no, a ellos no le ponen como a mí, ya que me excita verlo,  llevarlo, olerlo o tocarlo.

Aunque no va a hablando con todo el mundo de sus aficiones, del lado Frandelcuero de PeterFran,le gusta que la gente “conozca el mundo leather o el de la dominación para transmitir algo de normalidad”. Ya que, confieza, “es algo especial y diferente, pero no es malo, porque no no hacemos daño a nadie”.

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